Archivo mensual: julio 2007

¿A qué edad naciste?

Nuestra fecha de nacimiento poco importa: los primeros años en este planeta son la misma cosa casi siempre: un mundo de pañales y etapas orales, anales, genitales. Son determinantes para la vida adulta —o eso dice mi terapeuta—, pero no éramos muy conscientes.

No, aquí se trata de nacimientos de la consciencia. ¿A qué edad naciste realmente?

1. Yo nací, la primera vez, a los 15 años. Salí de la secundaria, tuve mi primer trabajo, la escuela se volvió mixta, conocí la depresión y la invisibilidad y el amor no correspondido. Me supe un nerd sin remedio, me hice amigo de un tipo que se creía genio (posiblemente lo sea) y lo más bizarro de todo: descubrí un método para dividir un ángulo cualquiera en tres partes iguales utilizando sólo regla y compás. Según el resultado de los estudios que le hicieron, era inexacto por apenas décimas de grado. De haber sido preciso, la London Mathematical Society hubiera tenido que pagarme las cien mil libras esterlinas que alguna vez apostó a que nadie podría.

2. Me enamoré a primera vista a los 24 de una mesera en la Condesa. Ya me había enamorado muchas veces antes. Pero esa anulaba todas las anteriores. Fue un golpe arquetípico. Verla y entenderlo todo fue lo mismo. Mi pasado, mi futuro, mi presente (el de entonces). Ese fue un nacimiento extraño, casi cósmico, que a la fecha me sigue dando conversación. La extraña sensación de estar hablando con mi propia psique.

3. Ahora, a mis 35 años, estoy naciendo de nuevo. Dar detalles es prematuro. En unos años, cuando termine de nacer, quizá podré decirlo.

(Ahora que lo releo, esto parece uno de esos “memes? enviados por alguien. No, aquí inicia y si alguien desea repetir el ejercicio y mandarlo a sus enemigos para que lo respondan es libre de hacerlo. Nomás avisen para leerlos.)

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Guarrada

Los del Reforma hoy publicaron el albur del año:

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Y quien le entendió, le entendió.

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Disculpas

Perdón a los tres lectores de este blog. Borré el post que estaba. Es que lo leí hoy por la mañana y me pareció tan malo. Pretencioso. En fin. Así pasa a veces.

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Los extincionistas

Recientemente, en las principales capitales del mundo, hemos presenciado las manifestaciones de estos grupos de consumismo radical.

Son hordas que abarrotan los malls y los resorts gran turismo (mejor si fueron edificados sobre reservas de la biosfera), aman los automóviles deportivos, suben a cuanto avión se les pone al paso, adoran las cosas desechables y el plástico, las pieles animales, los anuncios espectaculares que afean los monumentos, la vida ajetreada de las grandes urbes, no se tientan el corazón al arrojar la basura donde sea, fuman, usan detergentes, comen grandes cortes de carne, verduras preferentemente fumigadas y alimentos chatarras, adornan con plantas artificiales, se cuelgan diamantes recogidos en la mina más sangrienta del ?frica, celebran la Navidad con enormes despliegues de luces y escenografía, esnorquelean en arrecifes de coral, viajan en cruceros enormes, dan limosnitas, aman los filmes de acuerdo al número de explosiones que presenten en pantalla, creen en la resurrección de sus carnes fláccidas gracias a las cirugías y en la vida del mundo futuro.

(Amén.)

En fin, es gente sin duda feliz, realizada y autosuficiente, convencida de la bondad de sus actos. Entrevistamos a su principal ideóloga, la neoyorquina Paris Chilton (no confundir con). Esto fue lo que nos dijo (pido disculpas por las limitaciones de la traducción):

—Nuestro grupo lo que busca es acelerar dos cosas, primero, la facilidad para obtener el placer… llevamos siglos de malvivir. Ya es hora de aprovechar las circunstancias y pasarla a gusto, total nos vamos a morir de todas maneras. Lo segundo que buscamos acelerar, y que es finalmente lo que da profundidad a nuestras decisiones aparentemente frívolas, es la extinción del género humano.
—¿Perdón?
—Sí, mira, no se pierde mucho. Mira a tu alrededor: toda esta pseudo civilización es una autopista al suicidio colectivo. Y es lo mejor que le puede pasar al planeta Tierra si lo ves fríamente. Al paso que vamos, con el calentamiento global, la polución y la destrucción de los ecosistemas, nos quedan no más de 200 años aquí. Pero eso es muy bueno. Al planeta le quedan unos 4,000 millones de años de vida antes de que el Sol nos engulla cuando se convierta en supernova, tiempo más que suficiente para que regenerarse de todas las porquerías que le hacemos a diario y, con suerte, surge otra especie más inteligente que nosotros que sepa cuidar su terruño. Nosotros, evidentemente, no somos esa especie.
—¿No es esto demasiado irresponsable?
—Claro que no, irresponsables los grupos ecológicos. No se dan cuenta que lo único que hacen con sus acciones es retrasar lo inevitable: nuestra extinción, con el inconveniente de que mientras más nos tardemos en extinguirnos como especie mayor será el daño que le hagamos al planeta. Mejor háganle como nosotros: la gozamos y un día de estos… ¡puf!

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En México la gente no lee…

…pero es porque habemos malos escritores.

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Verdad indiscutible

El que entienda esta verdad y se someta a cirugías tiene el mundo en sus manos:

Tu poder es el equivalente a tu cuerpo y tu belleza; si lo tienes, utilízalo sin remordimientos.

(Claro, hay maneras de subsanar nuestras carencias físicas con sublimaciones más o menos eficientes, como tener dinero en cantidades despreocupantes, desarrollar algún talento admirable, acumular poder político, poseer un encanto personal a prueba de catástrofes o romper un récord mundial estúpido; pero esas sublimaciones palidecen ante la belleza.)

(Y no, lo “de adentro? no es importante más que para el forense en caso de accidente mortal.)

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Endogamia

Queridos habitantes de Ciudad de Blogs,

A reserva de exhibirme como impopular o desinformado, hay que decirlo: somos los mismos 15 o 20 blogueros de siempre comentándonos entre sí (y eso que yo casi nunca comento). Nos vamos a aburrir pronto de mirarnos el ombligo.

Empecemos a tomar la red y comentemos afuera, en blogspot, en wordpress, traigamos lectores a este rincón de templates disfuncionales.

Gracias por su atención,

Yo

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