Archivo diario: agosto 6, 2007

Matrimonio

La carne estaba en el tenedor. El tenedor estaba entre sus dedos de uñas largas y pintadas. De la carne escurrió una gota de grasa; salpicó muy cerca de su zapato. Él había dejado de amarla hace mucho.

—¿Me vas a dar tu plato o qué? —dijo ella.

Él puso el plato junto a la estufa, ella acomodó la chuleta.

—¿Ensalada? —y movió un poco las lechugas para que se vieran bien; sonrió—. Pobre Marco, ¿no? Es que imagínate, ocho años. Ha de estar que se le cae el mundo. Y así, de repente…

Con una servilleta, él limpió el exceso de grasa sobre la carne. Se ensució los dedos. Tiró la servilleta a la basura, no supo cómo secarse, frotó los dedos contra el pantalón.

—…y que nos pase eso a nosotros —continuó ella—, ¿tú crees que nos pase eso a nosotros?

Mientras otros temían que su matrimonio se rompiera, él temía que el suyo durara demasiado.

—Pueden pasar tantas cosas —dijo él por decir.
—Yo me mato si eso nos pasa.

Consideró él que la posibilidad de su muerte era una idea afortunada. Mucho mejor a que descubriera las cartas o las fotografías. Su muerte era mejor a tener que darle la razón.

—Deberíamos hablarle a Marco, pobre, se debe sentir muy solo —dijo ella.

Llamarle ahora cuando no lo veían hace meses. Decirle, sin decírselo, queremos saber si estás tan mal como nos platicaron; en cambio nosotros estamos tan bien: seguimos juntos.

Ella masticaba alegremente, bebió un sorbo de limonada para pasarse la comida. Hizo un pequeño buche. Dentro de su boca, él imaginó partículas de carne triturada, grasa y lechuga, mezcladas en limonada y saliva. Tragó. Ella le tomó la mano y le dijo:

—Te amo.
—Yo también —contestó él.

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