Inteligencia social

Si lo emocional lo entiendo poco, lo social lo asimilo menos.

Y sin embargo, siempre me ha asombrado lo que la gente es capaz de hacer con tal de ser admitido por un grupo social. He visto gente cambiar de gustos musicales, de vestuario, de auto, de rumbo, de amigos, incluso de pareja o de país. Y los motivos son poco claros. Sí, la superación. Sí, la evolución personal. Sí, claro.

Nadie en su sano juicio podría decir que un lugar donde uno sabe que va a desvelarse, donde serás potencialmente discriminado a la entrada, donde todo es muy costoso, y donde el sonido es excesivamente fuerte pudiera ser agradable. Pero la inteligencia social indica que ahí es donde se reúne la gente, donde se consigue pareja, así que hacemos a un lado lo sensato y se vuelve una necesidad imperiosa salir de antros.

Así con muchas cosas. ¿Qué tal con la afición por el futbol? ¿Qué tal con las ganas de bloguear? ¿Qué tal con el libro de lectura inextricable que luego presumo haber leído?

Nunca me ha quedado claro qué tanto hacemos las cosas porque nos gusten realmente, o si realmente nos gustan porque los demás —esos a los que se supone uno debiera asimilarse— parecen disfrutarlo, o cuestionarlo. (Y el consenso, lo sabemos, suele ser más estúpido que el disenso, que al menos puede encerrar alguna toma de conciencia.)

En sus “Instrucciones para llorar”, Julio Cortázar sugiere que si por el método tradicional no brota el llanto, entonces «dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.»

El hábito de creer en el mundo exterior. Sopas.

Anuncios

7 comentarios

Archivado bajo Netas del planeta

7 Respuestas a “Inteligencia social

  1. Ana

    Entiendo la parte de querer encajar en determinado círculo social, la parte en que a veces uno deja de ser uno y se suma a la masa, perdiendo los propios límites para fundirse en un todo amorfo que nos envalentona, nos deshinibe y nos lleva a hacer el ridículo. Lo confienso: yo de vez en cuando me sumo al ridículo.

    Sin embargo, creo que es un intercambio. No creo que la cosa vaya por ahí, que se pretenda dejar de ser quién se es por pertenecer a otro lugar, tristemente sucede con la gente a la que la ardilla no le gira del todo bien.

    Creo firmemente que el individuo no es sin la sociedad, obvio viceversa, por lo tanto uno debe dejar de vez en vez nutrirse de otros: de sus gustos, de sus pendejadas, de sus estilos, sabiendo equilibrar la balanza dando un poquito de nosotros también. Qué sería de los humanitos sin las influencias y las tendencias?

    Yo estoy a favor de creer en el mundo exterior, sino la vida sería bastante aburrida.

  2. ¿Magallanes? Ou, ahora entiendo…

  3. sofía

    Llevo por ahí de un mes siguiendo tu blog y por fin, luchando contra mi autismo, me decido a participar porque me vino a la mente una frase de la película de Sean Penn Into the wild: “La felicidad es sólo real cuando se comparte”.
    Hacer cosas me da satisfacción por mis intereses, ¿pero cuál es el sentido si no las compartes?

  4. “Nunca me ha quedado claro qué tanto hacemos las cosas porque nos gusten realmente, o si realmente nos gustan porque los demás —esos a los que se supone uno debiera asimilarse— parecen disfrutarlo, o cuestionarlo.”

    No te das cuenta, sino hasta que haces algo sólo porque te gusta. Cuando lo haces, entiendes la diferencia.

  5. elisabetta

    Deja de juntarte con tanto intelectual de chapoteadero o como debes de conocerles tú, pseudo intelectuales.
    Ese afán por parecer más inteligente, por haber leído más libros, por citar autores, por incluir palabras domingueras para enriquecer el texto… por autonombrarse expertos en temas sexuales y perversiones y no haberse echado un polvo en AÑOS, (ni qué hablar de tener un orgasmo – échale un vistazo a tus vecinos de Quo/ Libro Negro), te juro que no lleva a nada.
    Ser o aparentar ser el más inteligente del clan ya no es chido, por que ya todos en el clan son o por lo general se sienten el más inteligente y eso de competir por ver quién es el mero mero…mejor lo disputas en un juego de maratón.

    No hay nada malo en pasar por tonto, si en realidad lo que uno está haciendo es inteligente.

  6. UPS! YA VOY EN SENTIDO CONTRARIO!!! PIERDO “INTELIGENCIA”!!!!

    🙂

  7. Habría que empezar por preguntarse quién es exactamente uno, y qué quiere en realidad. Me temo que hay muchos por ahí caminanado que no tienen un “quién” dentro (o si lo tienen, está sumamente atrofiado).