Los años maravillosos

Pongamos que me cae un rayo justo cuando estaba recordando vívidamente mi primer día de clases en la preparatoria. Lo del rayo es un decir. Pudo caer un aerolito junto a mí o encontré una vieja estatuilla de un dios azteca que tuviera esa clase de poderes. El caso es que al instante me transporto a esa fecha. Creo que fue el miércoles 2 de septiembre de 1987. Me descubro en mi cuerpo de adolescente, pero oh, maravilla, tengo la mentalidad algo más colmilluda de mis 36 años. Y esa extraña oportunidad de volver a recorrer el camino o elegir uno totalmente nuevo.

La preparatoria, a diferencia de la secundaria, era mixta. Justo en la edad más álgida de la hormona adolescente, ingresan un selecto grupo de quinceañeras a ese plantel de primates. El efecto es similar a la visita de las playmates a Vietnam. Miraría a Ivonne, miraría a Carla, las niñas más bonitas del salón. Sus peinados ochenteros y sus miradas de niña. Miraría a la caterva de chicos que las acechan. Vería a nuestro profesor titular, que nos da la bienvenida. El daba clases de ¿historia? Ya no recuerdo.

Vería mis manos, mis dedos, la ausencia de la cicatriz en mi muñeca que no aparecería sino hasta diez años después. Mi falta de anteojos y de barba. Mis granitos en la frente. Saldría al recreo todavía aturdido. Sin saber con quién juntarme. Yo sería nuevamente el “Soto”. Recuerdo que ese primer día de clases me quedé sin mis amigos de la secundaria. Ellos prefirieron revolotear alrededor de las damas, no importaba qué tan feas estuvieran. El aire estaba saturado de feromonas.

Habría visto ese mundo a distancia, sentado en las jardineras afuera del gimnasio. Tal como lo hice en 1987, extrañado y fascinado a la vez por el comportamiento humano. Y me sentiría igualmente distinto a todos, aunque por razones diferentes. En 1987 me sentía superior porque creía haber hecho un descubrimiento matemático que me iba a volver millonario. Ahora tendría información privilegiada. Conocería algo del futuro.

Entendería muy pronto que no habría de adaptarme en ese ambiente. La diferencia es que en esta ocasión lo asumiría sin sufrimiento ni depresiones. O no sé. Tal vez buscaría a Marcela, la niña etérea del salón de junto y le haría plática, sólo para darme cuenta que el abismo entre nosotros desde siempre fue insalvable.

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8 comentarios

Archivado bajo Felicidad instantánea

8 Respuestas a “Los años maravillosos

  1. Ana

    Es bueno de vez en vez plantearse universos parelalos, en donde de no haber tomado las decisiones que tomamos nuestra vida sería totalmente diferente.

    Qué hubiera pasado si áquel día me hubiese ido de ahí sin darle una oportunidad? Jamás habría amado tan intensamente. o no? Qué hubiese sucedido si en vez de haberme quedado encerrada ese viernes me hubiese subido al coche que se estampo en Insurgentes? We never know.

    La idea de este tipo de realidades paralelas es por el único motivo que me gusta “The butterfly effect”.

    El mundo de los hubieras…

  2. En 1987 yo tenía 5 años y lo único que recuerdo haber descubierto fue que los libros entre más antigüos, huelen más bonito. Odiaba ir al kinder porque nos trataban como retardados mentales, estaba por entrar a la primaria y sentía que entonces todo sería diferente.

    Dejé de leer “mi mamá me mima” para dar paso a “En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”…

  3. Seronita

    jajajaja bueno algo que es muuuuy cierto es que en efecto, 2 de septiembre de 1987, si fuè un mièrcoles!!! Y que mientras tu descubrìas tu cuerpo de adolescente , yo tenìa apenas 1 año 3 meses 15 dias!! 😛

  4. A mí no me gustaría regresar ni a mis años de prepa ni a 1987. Aunque tampoco este presente es lo mejor de mi vida. Tal vez amanecí chipil.

  5. Elisabetta

    Qué miedo Felipe, te leen chavitas que no conocieron la intensidad de los 80´s, yo creo que por eso sigues añorando aquellos tiempos; ahora entiendo!
    Yo recuerdo perfecto esa fecha, mi primer día en primero de secundaria y mi cumpleaños número 12 y la neta, hoy estoy mucho más mamacita que en aquél entonces y como un plus visto mucho mejor!!!

  6. [wonderland prisoner]

    Si yo pudiera volver a mis años quinceañeros, me gustaría arreglar un montón de cosas: yo también era la rara y mi popularidad era enorme justo por eso. Todos creían que yo era bruja (por pintarme las uñas de negro) y contaban que yo iba a fiestas de puros hombres (mi escuela era de puras viejas y monjas) a hacer cosas que ahorita no me asustan tanto, pero yo no había dado ni mi primer beso.

  7. Marilou

    Vaya!!…es que siempre fuí a colegios mixtos.

    Estaba acostumbrada a “lidiar” con los chicos de mi salón y sus comentarios, miradas, rondas, etc.

    Pero…en una ocasión, un colegio cercano de “sólo hombres” tuvo una remodelación en sus instalaciones, y la directora de mi plantel les dió “alojamiento temporal”…

    ¡Ay nanita!…eran unos verdaderos “monstruilllos”.

    Desde ahí llegué a la conclusión de que prefería los colegios mixtos y la convivencia entre hombres y mujeres, con la naturalidad de la vida diaria.

  8. Yo en septiembre de 1987 acababa de nacer. Como hacía dos meses.