Archivo diario: enero 5, 2009

La amenaza de las chicas guapas

A todos les ha pasado algo así: van con la chica linda que los trae estúpidos y entran a un restaurante y, oh diablos, la hostess está guapa. No he dicho más guapa, simplemente guapa. Lo suficiente para que si tu chica linda lo comentara, no podrías mentir. Por supuesto, lo comenta:

—Mira a la hostess, debe de tener unos 17 años y ya maquilladísima… —dice ella.
—Mñsbseeee —contestas tú, mirando en la dirección contraria.
—Está muy guapa —insiste ella—, no sé cómo es que es hostess, debería de ser modelo, ¿no te parece?
—No, sí… —ya empiezas a temblar.

Logras cambiar de tema. Al rato la hostess en presunta edad ilegal se acerca a la mesa y te pregunta directamente a ti, con sonrisa perfecta:

—¿Los están atendiendo bien, se les ofrece algo?

Tú haces como que no la ves, le contestas como si la voz surgiera del viento:

—Estamosbienatendidosgraciassss… —y le sonríes a tu chica linda que te mira con displiscencia: ya es demasiado tarde.

Sales con tortícolis del restaurante: sabiendo lo que vendría, durante toda la comida pusiste rígido tu cuello para no voltear a ver ni por error y miraste todo el tiempo al frente, como soldadito.

Una hora después, afuera del restaurante, caminando por las calles aledañas, tu chica linda ya no te habla. Y te dice justo lo que exactamente no hiciste:

—Te vi que no dejabas de ver a la mesera esa. ¿Por eso me llevaste a este restaurante, verdad?

Oh, rayos.

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