Archivo diario: enero 7, 2009

Editar o escribir, he ahí el dilema

Por supuesto que era un dilema bastante ocioso de plantearme, por una razón capitalista: escribir no suele dejar para vivir y editar aparentemente sí (que luego editar no te deje vivir es otro tema, aunque ésa no es la discusión por ahora). Así que por mucho que mi mamá y mi espejo me dijeran que lo mío es la escritura y no la edición, en realidad era más bien una satisfacción perversa poder decirle al autor que me enviaba su texto: «No te hagas, este artículo es un maquinazo; es basura; apesta.» Y bolas, devolvérselo.

Como un chiste de esos pésimos que luego pergeño, solía decir que la comisión de derechos humanos debería perseguirme por torturar a periodistas. Lo sé, no abunden en ello, es un chiste malísimo y me avergüenzo.

Pero el otro día, a punto de firmar su contrato mi nuevo editor adjunto, se detuvo en seco, pluma en mano, y dijo:

—No, ¿qué estoy haciendo? Yo soy escritor.

En efecto, se trata de un bien conocido escritor, pero por eso justamente quería yo contratarlo.

—Soy escritor —continuó— y esto no es lo mío.

Me dijo que sabía lo que estaba dejando. Que tiene familia que mantener y que aún así, no podía traicionarse de ese modo trabajando en una oficina. Que tenía que apostarle a su carrera literaria. Que Dios —en el que, aclaró, no creía— le dio un talento y que no podía desperdiciarlo editando textos ajenos. Que llevaba años en la edición y que ya era tiempo de entregarse por completo a la literatura.

—Bueno —le dije— no te ofenderás si antepongo el título de “pinche” a tu nombre…
—No, no… mil disculpas, pero no puedo firmar. No puedo hacerlo.

No firmó.

Se fue, me dejó la plaza vacante y la pregunta hamletiana revoloteándome: ¿y si yo…?

Ah, el vértigo.

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