Archivo diario: enero 19, 2009

Las heridas internas

En las páginas de Facebook y similares somos un encanto. Algunos menos que otros, pero. O en los blogs. Nos gusta mostrarnos simpáticos, o inteligentes, o cultos, o divertidos, o sinceros, o apasionados, o fiesteros, o alcohólicos, o fashionistas, o. Que para un ojo perspicaz, en ese catálogo de supuestas virtudes, nuestras debilidades sean evidentes, qué importa; al fin y al cabo todos somos olvidables. Por tanto, disfrutemos.

En la vida real, el efecto provocado por los escalones que uno va trepando, hacen creer que uno es más o menos El Elegido: todo el mundo es héroe de su propia vida. Me llevo con Fulano, con Zutano y con Mengano, por lo tanto, Pertenezco a ese Selecto Grupo. He triunfado aquí y allá. He tenido fracasos, como todo el mundo, pero yo he podido salir adelante. A mí no me afectan estas cosas. Soy fuerte. Soy fuerte. Soy fuerte. Bla bla bla.

La verdad es que cuando éramos niños nos fracturaron el alma varias veces; y como el alma de los niños así como es de elástica, cuando se rompe cicatriza muy mal. Cierra la piel con la belleza física que algunos van adquiriendo, con el dinero que otros van ganando, con la pareja estable y aspiracional que, con el trabajo ideal donde tal. Pero debajo ahí están las heridas internas. Pasan los años y siguen igual de sensibles. Igual que cuando éramos niños. Basta que alguien las toque apenas para que todo nuestro perfecto sistema. Y lloramos de dolor y de miedo igual que cuando éramos niños.

Luego, claro, uno termina destinando buena parte del sueldo en pagar a un psicólogo con la esperanza de que se ocupe de esas heridas internas que jamás sanaron.

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