Dealer

Que la lectura causa adicción, es algo que puedo yo afirmar, como adulto rehabilitado. El consumo excesivo de textos arruinó mi niñez y mi adolescencia. Me privó del juego y de las relaciones interpersonales, de tener novia y de andar en bici.

Al igual que todos los adictos, comencé a vivir en una realidad paralela, cuyos ejes estaban trazados por las referencias a libros, artículos de revista, tapas de elepés, cajas de cereal, textos publicitarios, subtítulos, cómics.

El contacto directo con la “realidad” —lo que sea que signifique— estaba empañada por ese velo nebuloso que procuraba emparentarlo con lo leído. La primera vez que me enamoré, posiblemente no me enamoré de la chica en cuestión sino de Sonia, la de Raskolnikov; o de Lolita, la de Humbert Humbert.

Años después, como efecto de las continuas sobredosis literarias, desarrollé otra adicción aún más lamentable, la de la escritura. La compulsión por plasmar en textos lo que mi ego dictaba, facilitó mi divorcio y me llenó la mente de quimeras y me hizo relacionarme con personas que no existían.

El vicio me condujo a mi actual profesión: dealer de textos. A veces los míos propios, a veces los ajenos.

Por supuesto, también me he prostituido y, a cambio de dinero, he debido redactar o editar textos que me ofenden personalmente, que manchan mi reputación, en los que no creo en lo más mínimo.

Como todo dealer, ahora busco que otros se hagan adictos. He debido profundizar en la composición de los textos para asegurarme que sean altamente adictivos, y así incrementar las filas de junkies de la lectura, esos que viven con las venas del brazo saltadas, la mirada perdida y el aliento cavernoso; ávidos de letras que formen palabras, que formen frases, que aludan a ideas. Peligrosas ideas, de esas que pueden derrumbar la idea de “realidad”, de “civilización”, de mundo tal como lo conocemos.

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11 comentarios

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11 Respuestas a “Dealer

  1. Tremendo rollo para decir “ahora soy editor, ni pedo”. Aunque es tan poético que de ahora en más lo usaré como filosofía personal, si me lo permites.

    Por cierto, y en efecto, GRAN reportaje el de Diego Enrique Osorno. Como editor, supongo, fue un knock-out traerse a semejante periodista y cronista. La historia está de película. Yo no me sabía la mitad de los hechos, y eso que viví bajo el férreo manto de Montiel y los anuncitos de la Versini hasta en la sopa.

    Dos pulgares arriba.

  2. Alondra

    He sido una niña de ciudad populosa, no me dejaban jugar en la calle y mi evasión era la lectura, leyéndote me veía reflejada… Cuando tuve que ejercer de madre hice todo lo contrario, mis hijos nacieron en una pequeña ciudad donde pasaban la mayor parte del día en la calle. El gusto por la lectura a pesar de mi empeño sólo lo heredó la niña.
    No creo que tenga un cuerno en la frente por haber leído más que jugado, no obstante cada cosa tiene su momento y los libros siempre estarán ahí para acompañarnos, desde luego no dejo de vivir mis propias historias cuando se presenta la ocasión. Pero leer es volar sin alas y no quiero negarme ese placer.

  3. Malo… Un buen dealer no debe consumir… Malo para tí.

  4. Yo no soy adicta. Todavía puedo controlarlo, en serio; a lo mucho me pasa que me distraigo tanto en el camino a X lugar que me pierdo… entonces cierro el libro y nomás me digo: me ha pasado de nuevo. Pero no, no soy adicta, puedo controlarlo.
    A lo mucho…pasa que me extiendo demasiado comentando en algún blog porque no sé de dónde he sacado la idea de que puedo decir algo coherente con las palabras. Mas sí vivo en el mundo tal y como lo conocemos…a veces. No, no soy adicta, puedo controlarlo.

  5. Pfff, yo llevo toda la pinche carrera con un síndrome de abstinencia devastador.

  6. Hola, soy Volován y también soy adicto a las palabras. Leerlas, escribirlas, corregirlas o editarlas, me da igual mientras pueda estar cerca de ellas.

  7. qué diablos, también padezco la adicción!!! lo peor es que no tengo ni la más mínima intención de curarme.

    gracias felipe, por contribuir a ella.

    saludos!

  8. itankai

    Hola, me llamo Didier y soy adicto… pero se que puedo controlarlo…

    Solo lo hago para poder dormir tranquilo.

  9. morrequita

    Hola, soy Macarena y fuí adicta, cuando niña me podían sacar de los brazos de algún lugar como cazuelita y no soltaba el libro… recíén leído El Quijote en mi adolescencia, al hablar decía cosas como “es menester hacer tal o cuál ” una cosa vergonzosa. Ahora evito a la gente que parece ficha técnica de cualquier tema en dos patas o banco de datos ambulante, pero chale, yo iba clavadita para allá… ahora se me olvida todo y solo leo lo que se ponga de modo, feliz.

  10. Anny

    Mmm… Yo era adicta, no se que me paso, algo me inundo los ojos y perdi la adicción. O sera que esta latente ? :O

  11. (:

    podmena traffica test2C bloggero, escritor.
    Qué más da…
    Lo importante es contar historias.