Ateísmo politeísta

Fui bautizado católico y durante muchos años creí firme y fanáticamente. Sin embargo, llegó un punto en que o creía en los ovnis o dejaba de creer en la religión. Me pareció más razonable creer en los ovnis, por supuesto.

La religión católica me hizo mucho daño: ya era yo mayor de edad y seguía viendo con escándalo morboso a cualquier chica adolescente que ya no fuera virgen. (En este punto posiblemente no he cambiado, aunque las razones ahora sean diametralmente opuestas.)

A la fecha tampoco creo ya en los ovnis, debido a que ninguno ha tenido a bien abducirme. Tampoco creo en el catolicismo y menos en la virginidad. A estas alturas, creo que soy un politeísta ateo. No creo en Dios, ni creo que a Dios le importe. Creo, sin embargo, que no está mal ver un gato y pensar que es un dios, o la luna, o el mar, o una adolescente que ya no es virgen, o los sueños reveladores. Hay algo de dioses en todo eso.

Dioses humanos. Dioses mentales. Dioses inventados.

En esta teología personal, debo resolver el asunto de la vida después de la vida; tema en el que prefiero pensar que no hay más vida que ésta, o que si hay una vida después, de alguna manera involucra un lugar con hermosas chicas no vírgenes, de esas que te abducen.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Ateísmo politeísta

  1. Yo soi dios, siempre lo he dicho…

    La idea final no es “tan” mala, siempre i cuando no te abduscan a pecar… creo

  2. La invención de un dios hecho a imagen y semejanza del hombre (y sobre todo de las mujeres, por aquello de lo cruel y despiadado) es tal vez el más grande acierto de la humanidad. Gracias a esa notable creación los placeres se convirtieron en pecados y por lo tanto resultaron doblemente disfrutables. Muy especialmente aquellos relacionados con las artes amatorias, disciplina que los más fervorosos celebramos con devoción este mes.

  3. artesmecanicas

    El problema, decía Chesterton, es que nos es inevitable como seres humanos creer en algo. Así que lo fundamental en el ateísmo no sería dejar de creer, sino encontrar un sustituto adecuado de Dios.

    Yo, por ejemplo, escogí la creer en la ficción.

    ¡Un saludo!