Archivo diario: julio 16, 2009

La inteligencia de las montañas

No me gusta viajar, pero hay una excepción: tomar el auto y salir a carretera sin ningún plan en mente, simplemente perderse hasta caer la noche y pasarla en un pueblo absurdo. De ser posible, prefiero no manejar para no distraerme y dedicarme a mirar los cortes de las montañas por la autopista, las distintas capas de roca. O ver la formación de los cerros, imaginarme las fuerzas telúricas que pudieron elevarlos tan alto.

Un día quiero dejar el auto abandonado a media carretera y caminar en dirección de una montaña cualquiera, escarpada y rocosa, y subirla. Bajarla y subir la siguiente. Y la siguiente, hasta quedar en medio de la nada. Que no se confunda nadie. No tengo alma de montañista —esa mezcla de misticismo atlético y espiritualidad con altímetro—. No creo en las obras de Dios. Para empezar porque no creo en Dios (pese a que hoy lo agregué en twitter). Pero sí creo en la consciencia lentísima de las rocas. Una inteligencia incomprensible. Quedarme en medio de la nada sólo con un cuchillo y dedicarme a sobrevivir en esa nada.

Hay una zona de los mapas de la República que me obsesiona. La reserva de los Chimalapas. Según yo, su punto central es la zona montañosa más alejada de todo camino pavimentado en el país. Una vez pasé por una de sus orillas, cerca de Tehuantepec. La cordillera se elevaba entre las nubes de tormenta y el aironazo. Me dije: caminar en esa dirección y perderme en la selva.

Pero el automóvil siguió su marcha y cambió el paisaje.

No creo que sobreviviría ahí más de dos horas.

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