El lunático

Durante años, el profesor guardó en un gabinete sellado de la Facultad de Geología, el pequeño fragmento de roca lunar que la NASA envió, como un gesto de amistad a la institución, a inicios de la década de los setenta.

Cuatro décadas después, el profesor, naturalmente, enloqueció.

Hasta donde se pudo asentar en la investigación posterior a la muerte del académico, él habría robado el trozo de roca en algún momento entre 1990 y 1997. En la Facultad la sustituyó por una roca común, tomada de una construcción cercana. (Se cuenta que un geólogo casi termina su tesis estudiando la composición química de ese mineral. En la introducción se sorprendía de que fuera prácticamente “grava común”.)

En su casa, guardó la roca en el ropero envuelta en un zarape y no volvió a verla hasta después de que su esposa murió tras una larga enfermedad.

El pedruzco deambuló por toda la casa, lo tomaba mientras miraba la tele, lo olía, lo manoseaba, lo sopesaba, le hablaba. Un día llegó al extremo de aullarle. Otro día intentó empeñarlo y sacar algún dinero. El hombre de la ventanilla tomó la piedra, le preguntó, o más bien sólo dijo, así que es lunar, sacó un monóculo y la examinó. Luego dijo, esta roca proviene de alguna construcción, y se la devolvió.

Decidió molerla, empleó para ello un mazo en el jardín, luego un mortero, e ingerirla en un licuado lodoso. Para esta operación, había hecho un largo ayuno de varios días, quizá para cerciorarse de que nada de alimento terrestre hubiera en su cuerpo. Luego bebió esa mezcla. Al orinar, volvió a beber su orina y comió sus excrementos. Repitió esto una y otra vez. Se trataba de impedir que la roca lunar saliera de su cuerpo, quería asimilarla por completo, tal vez ser el primer hombre lunar que hubiera vivido en la tierra.

Murió por insuficiencia renal y hepática a consecuencia de esta práctica.

Sus cenizas descansan en una urna en la Facultad de Geología, pues se presume que contienen material lunar.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “El lunático

  1. Lo primero que se me ocurió decir al primer instante de acabar de leer fue: Qué buen título.

    • (Frase censurada al final:) … Eso, o el material puede provenir de alguna construccion cercana a la facultad de Geologia.

      Tschüss

  2. Saúl

    Está bueno, entretenido.