El mundo o su idea

Los judeo-cristianos suelen mirar un mundo simple, regido por una voluntad divina que si bien es inexpugnable, tiene reglas básicas: prefiere el bien sobre el mal, al hombre sobre la mujer, al predecible sobre el incontrolado, al asexuado sobre el lascivo, al rico sobre todas las cosas.
Los científicos perciben un universo tan vasto e inabarcable que optan por revisarlo microscópicamente, sea una bacteria o una galaxia: ambas insignificantes a simple vista. Van generando una explicación a todas las cosas, que se parece a una teología porque exige un acto de fe creer en partículas subatómicas que ni siquiera estamos seguros de que existan, o existen apenas millonésimas de segundo. A pesar de eso, la sombra de lo que no pueden ver, ni concebir, es infinita. (Por ejemplo, postulan la existencia de una “materia oscura” que vendría a conformar la mayor parte del universo conocido, y aunque saben que no la concen y que no la pueden conocer, al menos la calculan; en cambio, hay cosas de las que ni siquiera saben que no saben.)
Los politeístas no tienen problema: por cada dios existe un antidiós, por cada explicación una paradoja, por cada certeza un mito irracional, por cada pecado a veces hay un precio que pagar, pero casi siempre no, total a nadie importa lo que hagas o dejes de hacer en tu vida, que es tan importante como la de un mosquito. Yo soy politeísta. Bueno, no.
Los expertos en la cultura corporativista piensan el mundo como un descomunal y enrevesado trabajo en equipo donde hay líderes que se plantean objetivos para vencer en una competencia feroz, y si fracasas siempre puedes reconvertirte o reinventarte para ser eficiente, eficaz y efectivo (y borrar la palabra fracaso de tu vocabulario). En resumen ejecutivo, lo importante es ser funcional y al mismo tiempo altamente competitivo para entregar resultados por arriba del presupuesto en todos los ámbitos: personal, social, laboral. Un día te mueres.
Y así sucesivamente.

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Una respuesta a “El mundo o su idea

  1. Mire nomás. Welcome back.