El intruso

Cada tanto me invade un dolor de cabeza. Entra por la órbita del ojo, o por la nuca, y va trepando, se instala en la mitad de mi cabeza y a la otra mitad la ignora. Desde esa mitad el dolor emprende una lucha por derribarme. A veces lo logra. Otras, como hoy, le doy batalla. Me pongo a escribir (que es una forma de pensar en ese dolor y al mismo tiempo distraerme de él no pensándolo sino escribiéndolo, que es distinto). Le interpongo un par de aspirinas o un par de tempras o un dolac. Eso normalmente lo ahuyenta y me siento de maravilla, como si nunca lo hubiera tenido apretándome el cerebro.

Pero por ahora ahí está el maldito, metido en mi cráneo, con ese torniquete aplicado a mi hemisferio derecho, que me hace bajar la mirada y evitar la luz, porque la luz es dolorosamente nítida. Y si me pongo de pie el intruso se queja, me tortura. Su aliado es el aire acondicionado, glacial, que se enreda como una bufanda metálica en mi cuello.

Nunca sé cuáles son sus fines, su motivación para atormentarme, si es que la tiene.

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1 comentario

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Una respuesta a “El intruso

  1. Oh! Me gustó muchísimo