La historia oculta

El profesor daba clases de literatura en la universidad. Cada semestre caía enamorado de alguna alumna e iba descubriendo su propia vejez a cada paso. No ocurría lo mismo con ellas: siempre tenían la misma edad, esos mismos veinte, veintiún años, inacabados. Él no: ahora ya tenía cuarenta y la distancia se hacía más insalvable, más patético su acercamiento, más probable el rechazo.

Si pudiéramos reunir fotografías de las quince o dieciséis alumnas de las que se enamoró en los últimos ocho años, podríamos entender ciertas tendencias: le gustaban más bien aniñadas, discretas, de cabello rubio a los hombros, no precisamente bellas. Si viéramos más allá podríamos intuir cierto modelo primigenio: fueron elegidas en honor a alguien más, anterior a ellas.

El profesor da su clase de teoría del cuento. Dice que hay tres tipos de narraciones: los cuentos tradicionales, los cuentos clásicos y los cuentos modernos. Indica que ningún tipo es necesariamente mejor que otro a la hora de narrar algo, ni que el hecho de que en pleno 2010 alguien escriba un cuento tradicional signifique que sea anacrónico. Simplemente son técnicas de narrar distintas. El cuento tradicional es una estructura más antigua; lineal, todo lo que en él ocurre es evidente. El cuento clásico presupone que a la par de la historia evidente, que es la que el autor narra, se desarrolla por lo menos una historia oculta, cuidadosamente escondida, que estalla en el final. El cuento moderno es abrupto: tiene también una historia evidente y otra oculta, pero esta otra historia apenas se asoma, pende como una sombra sobre el relato.

Esa noche, en la televisión, se entera de la muerte de una mexicana en los Andes. Mencionan algo de guerrilla latinoamericana, murió por la explosión accidental de una granada. Le sorprende el nombre. Pasan algunas fotos de ella. Su pasado en México. Una de esas imágenes le estalla en la mente: él la tomó.

En el insomnio de esa noche, mientras intentaba recordar, mientras intentaba sacar conclusiones, vislumbró una cuarta manera de narrar un cuento.

Estuvo obsesionado por ella durante años. La obsesión desapareció, pero dejó secuelas: la preferencia por las chicas aniñadas de cabello rubio y sin atractivo. Silencios a mitad de una conversación. La búsqueda infructuosa de su nombre en google.

En la cuarta forma del cuento, se invierten las historias del relato clásico: se esconde la historia evidente, y se narra en cambio la historia oculta. Como ver un tapiz por el lado un tanto caótico de los nudos y no del tejido. En el cuento clásico es el protagonista quien lleva el peso de la narración; la historia oculta, que se revela al final da sentido al relato sobre el protagonista. Si se narra el reverso, surgen una serie de anécdotas que sólo adquieren sentido en la medida en que afectan, sin saberlo, al protagonista de otro relato, que aparecería aquí como un incidental. Resaltan los personajes secundarios, que no cargan ningún peso narrativo y, en cambio, evolucionan a ciegas en su vida: una sucesión de vaivenes, de parejas disímiles, ires y venires sin consecuencia ni sentido. Tal vez un día mueren dentro del relato. Su muerte, incluso, forma parte de la historia de la otra persona.

Se levantó, encendió su laptop y empezó a imaginar la vida de la mujer de cabello rubio, condenada en ese relato a ser personaje secundario de su propia vida.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “La historia oculta

  1. Muy ingenioso, el jugueteo de palabras en tu propia historia y siendo tu el protagonista de lo que al mismo tiempo redactas, me fascina. cuídese maestro.

  2. Un fan desconocido

    Me recuerda mucho a la narración en Verloso…

    Enhorabuena encontrarse con textos frescos después de 6 meses sin ellos.

  3. sabina

    Un vaso de agua. Gracias. Lo necesitaba.