Sueño de un (ex) editor

Anoche tuve este sueño: una persecución por una especie de Acapulco boscoso, en la que me encontraba con mis amigos de la universidad —que todos se han vuelto editores—, cada uno con dos esposas. En ese sueño, tener dos esposas que se llevaran bien entre ellas era símbolo de estatus. Sin embargo, a mí me perseguía una mujer cuya identidad desconozco. Tal vez una de mis esposas, lo ignoro. En algún momento había logrado evadirla desnudándome y comportándome como un simio, colgándome de las ramas y columpiándome lascivamente con una mona.

Finalmente, me refugié en la parte alta de un faro. En mi sueño era un faro, pero la descripción se ajusta más a una cápsula de ventanales que emergían de la tierra. Desde ahí, bajé las escaleras en espiral y me puse frente a una mesa a comer naranjas. Recuerdo escupir las semillas y poner las cáscaras vacías sobre la mesa. Al otro lado de la habitación, una de las esposas de mis amigos me preguntaba:

—¿Así que tú eres el que dicen que es genio?

Yo le respondía un rotundo no. Pero mi padre, salido de una puerta contigua, me desmentía: yo sí era genio, y como muestra, las apariciones que había tenido por televisión en CNN. Me avergonzaba de mí y de mi padre y cruzaba esa puerta que resultaba dar a una especie de cocina. En ella, había un ejemplar del Excélsior de ese día. No tenía encabezados. En su lugar, aparecía un letrero en grises, a manera de advertencia del programa de diseño: “Inserte encabezado aquí”. En la noticia sin titulares, la directora del diario argumentaba que ella, como editora, se podía dar el lujo de no poner encabezados y más ahora que los dueños del periódico habían decidido suspenderla. La noticia continuaba en la página 24.

Leer ese periódico sin encabezados y con una torpe explicación de la protesta de su editora me produjo una tristeza indefinible que provocó que yo despertara.

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