El malestar de la materia

Del refrigerador saco una bolsa de fresas congeladas. Abro el empaque y acomodo las fresas rígidas en un tóper. Los dedos se me entumen y quedan las yemas de los dedos húmedas: gotas diminutas provenientes del hielo que se derritió con la temperatura de mi piel. Átomos que pasaron de un estado a otro.

Pongo agua a la maceta y pienso que la planta en realidad está hecha de tierra. Pero es tierra reordenada a nivel atómico por el sistema que el vegetal impuso a los minerales que en la maceta estaban dispersos.

Recuerdo haber leído sobre el condensado de Bose-Einstein, una sopa hecha no de átomos sino de partículas cuánticas a una temperatura cercana al cero absoluto que al estar carente de frición, encerrada en un recipiente, empieza a trepar por las paredes y, por más hermético que esté cerrado, se filtra y escapa.

Pienso entonces en los multiversos que podrían ser infinitos. Y reconozco ese malestar: sé que todo esto existe porque creo poder saberlo, pero todo esto pudo no ser, o todo esto es como un mecanismo.

No nos quedan sino unas cuantas generaciones más antes de que nos aniquilemos. Luego la nada. Todo este aparato de materia y antimateria y materia oscura y energía y energía oscura, nuevamente se hundirá en la mecánica pura, sin sentido, sin comienzo, sin final.

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1 comentario

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Una respuesta a “El malestar de la materia

  1. Juan Carlos

    Y cuatro años de física han quedado resumidos en cinco párrafos.