Archivo mensual: abril 2011

Treinta y nueve

Hoy podría morir, pensó él mirando las pocas estrellas que se alcanzaban a ver desde su azotea. Como cualquier otro día en el que cualquier persona puede morir, excepto que esa noche era la última noche —las últimas horas ya— de sus treinta y ocho años y el hecho de que se completara una vuelta más al sol le daba un sentido cósmico.

Sin poder verlos, pensó en cometas. Esos objetos irregulares tienen años mucho más largos que los terrestres, pero cada giro los va consumiendo, el viento solar les roba materia.

(Un poco como tú y como yo, que nos deshacemos en la estela que dejamos —luminosa, quizá, pero irrecuperable.)

—Por cierto —aclaró al tipo que en su laptop escribe sobre él— anota que no sé en órbita de qué demonios la giro. Para cometa soy de esos que una noche aparecen en el espacio y como vienen se van.

Volvió a mirar el cielo amarillo de la noche. No pasó un cometa. Pasó un avión. Sus tres luces parpadeantes. A los pocos minutos otro. Y luego otro.

Y así este año —que pasó como un cometa, o más bien como un avión comercial medio vacío y atacado de turbulencia— se va. Se fue.

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